Columna de Opinión: Retorno a la Presencialidad en la Educación Superior: algunas reflexiones necesarias

"Dado el importante rol de las instituciones de educación superior en la sociedad, y su contribución significativa al desarrollo del país, es imperativo que el retorno a la presencialidad se realice de forma gradual, inicialmente solo con las actividades esenciales, tanto en el ámbito académico como de gestión, pero de manera segura y controlada" Por los académicos Rodrigo Gallardo y Mario Pinto
Sábado, Enero 9, 2021 - 19:00

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La actual situación de pandemia por COVID-19 por la cual atraviesa la población mundial, ha impulsado cambios significativos, repentinos y arriesgados en la forma de hacer las cosas durante gran parte del año 2020, donde la educación no ha estado ajena y ha debido enfrentar un cambio abrupto para llevar adelante el proceso de enseñanza aprendizaje, desde la presencialidad habitual a la virtualización total. Por una parte, el impacto en el sector productivo ha sido histórico debido a las medidas de confinamiento, lo que ha derivado en una caída sostenida de la economía mundial y un aumento de la incertidumbre, que en estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) llegaría durante 2020 a  caídas de 5,8% para economías avanzadas y 3,3% para economías emergentes, llegando a contraerse en 8,1% en América Latina y el Caribe[1]

Por otra parte, el impacto de la contingencia sanitaria ha sido igual de significativo en la Educación Superior, considerando que la presencialidad juega un rol protagónico en el proceso formativo ya que las metodologías de enseñanza y los instrumentos de evaluación están diseñados en su mayoría para entornos de docencia presencial, sumado a las experiencias prácticas en aula que constituyen un complemento fundamental del aprendizaje y desarrollo de capacidades técnicas y analíticas de alto valor. Desde que comenzaron las medidas de confinamiento masivo y prohibición de actividades habituales, que contemplan actividades presenciales y de interacción directa entre personas tales como las actividades académicas, restricción  que en el caso de Chile se inició el 15 de marzo cuando el gobierno decretó suspensión de clases[2], y luego con la cuarentena total[3] (inicialmente en siete comunas de la Región Metropolitana) anunciada el 25 de marzo de 2020, provocó que las actividades formativas en modalidad presencial estuvieran suspendidas en gran parte del territorio nacional, desarrollándose actualmente en modalidad virtual la mayoría de ellas. Este cambio sorpresivo a la virtualización de las actividades curriculares ha requerido un esfuerzo sustantivo de las casas de estudio y también de los hogares, tensionando la creación de plataformas virtuales adhoc y la disposición de equipos computacionales y espacios físicos adecuados para el estudio a distancia, lo que en muchos casos no se ha logrado concretar por falta de recursos, }, generando una brecha en la participación del estudiantado en sus respectivos procesos formativos. Sin embargo, pese a los esfuerzos en la definición de estrategias de aprendizaje a distancia y recuperación, las proyecciones del Banco Mundial señalan que se han incrementado rápidamente las pérdidas de aprendizaje y en un escenario intermedio se estima a nivel global en 7 millones el estudiantado que podría abandonar la escuela y en 10 billones de dólares la pérdida de la actual generación del estudiantado a lo largo de su vida laboral[4].

En este complejo escenario, el propio avance de la pandemia ha impulsado la reapertura gradual de las instituciones de educación, lo que podría truncarse por las nuevas olas de contagio que ya están ocurriendo a nivel internacional, principalmente en Europa y Estados Unidos y también en nuestro país donde el propio Ministerio de Salud está proyectando que los contagios podrían llegar a 9.560 casos diarios en enero de 2021 (escenario pesimista), cifra muy superior al peak de contagios que ocurrió en Chile en el mes de junio con 6.938 casos[5]. Las principales razones para el retorno a la presencialidad se relacionan con la necesidad de escolarización a nivel primario-secundario, y la necesidad de una participación activa del estudiantado en el proceso formativo a nivel de educación superior, donde los alumnos requieren de una interacción directa con el proceso educativo, particularmente en actividades que demandan una participación directa y activa como aquellas relacionadas a las ciencias básicas, a experiencias de laboratorio y a reflexiones que requieren interacción directa entre pares.

Las operaciones en las diferentes organizaciones se ha visto enfrentada a entornos complejos por la acción de agentes patógenos derivados del COVID-19, lo que requiere de metodologías de análisis de riesgos a partir del análisis de variables físicas, químicas y biológicas que podrían ser un vehículo de contagio. En el caso del sector industrial, las compañías han debido adoptar las medidas de protección necesarias para sus colaboradores en la propia ejecución de sus procesos operacionales, lo que podría servir de referencia para adaptarlas y aplicarlas en las actividades presenciales de la educación superior, resguardando en todo momento la integridad sanitaria del estudiantado y del personal académico y administrativo, mediante la aplicación de protocolos rigurosos y permanentes que aseguren la capacitación, sanitización e inocuidad a partir de medidas preventivas.

Dado el importante rol de las instituciones de educación superior en la sociedad, y su contribución significativa al desarrollo del país, es imperativo que el retorno a la presencialidad se realice de forma gradual, inicialmente solo con las actividades esenciales, tanto en el ámbito  académico como de gestión, pero de manera segura y controlada. Para esto, el aporte de actores externos como la industria farmacéutica y el área médica para implementar medidas de control de agentes biológicos y de condiciones internas de las instituciones de educación superior como la adaptabilidad de la infraestructura, serán elementos claves para la búsqueda de soluciones en el control de contagios en las comunidades educativas.

Considerando que las autoridades ya han comenzado a preparar el escenario para un eventual retorno a clases, donde la superintendencia de educación señala que “es responsabilidad de cada institución de educación superior, en atención a su realidad particular, planificar e implementar las medidas conducentes a normalizar la prestación del servicio educativo en caso de ser posible"[6], parece ser una obviedad  tratar de cumplir esta petición de manera generalizada a todas las actividades académicas que se realizan al interior de las universidades, pero no es posible, sino que se debe iniciar paulatinamente, a través de una modalidad mixta con continuidad de teleeducación y desarrollo presencial de actividades prácticas, de investigación y de gestión que sean esenciales, lo que también se ha estado haciendo a nivel internacional como el caso de  Estados Unidos en donde las universidades volverán a la presencialidad pero no con más del 50% de su estudiantado, La Universidad de Harvard, por otro lado, dijo que solo permitirá a un 40% de los estudiantes en el campus de Massachusetts, siendo la mayoría de ellos de primer año”[7], y que en Europa es similar, con la unión europea esta financiando proyectos de mejora para profesores y estamentos educacionales en técnicas y medios que permitan una mejor aplicación de la teleeducación, en pro de “configurar el futuro digital de Europa”[8]

En esta lógica, además de las medidas más conocidas como el distanciamiento social, el uso de mascarillas y el lavado de manos, las instituciones deberán destinar recursos a la reorganización y acondicionamiento de su infraestructura, o bien darle un nuevo uso, por ejemplo a las áreas verdes al aire libre que proporcionan espacios ventilados con exposición a rayos UV que acompañados con las medidas de protección facilitarían la implementación de actividades formativas y distribución de personas al interior de los campus. A esto se debe sumar también nuevas medidas de monitoreo y control de variables patógenas en los servicios cotidianos de impresión y fotocopiado, casinos, baños, atención de público, entre otras.

Finalmente, es posible observar que la presencialidad en la educación superior es muy necesaria para cubrir actividades de apoyo (mantenimiento de campus, vigilancia, gestión administrativa esencial, entre otras), y aquellas propias del proceso formativo (experiencias de laboratorio, investigación aplicada, actividades en aula para el desarrollo  de capacidades analíticas y reflexivas, entre otras), lo que sugiere varios desafíos operativos para cumplir las medidas de resguardo y control adecuadas para grandes volúmenes de personas (matricula total de pregrado año 2020 1.144.184 estudiantes[9]),  como la disponibilidad oportuna de artículos de protección en grandes cantidades, la medición y control del factor “transporte público” como vehículo de contagio, entre otros,  y todas las limitantes de recursos para la implementación de estas medidas. Pero sin duda, el factor crítico para un potencial retorno radica principalmente en la confianza y seguridad que se proyecte a los estudiantes y sus familias, no solo desde los establecimientos de educación sino que también desde las instituciones y autoridad de gobierno, al menos hasta que la inseguridad de no contar con una vacuna esté presente.

El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y, no representa necesariamente, la línea editorial ni la posición de la Universidad de Santiago de Chile.


[1] Informe de Perspectivas de la Economía Mundial, Fondo Monetario Internacional. En: https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2020/09/30/world-economic-outlook-october-2020 Visitada el 02 de diciembre de 2020

[2] En: https://www.minsal.cl/presidente-anuncia-suspension-de-clases-y-reduce-actos-publicos/ Visitada el 02 de diciembre de 2020

[3] En: https://radio.uchile.cl/2020/03/25/covid-19-gobierno-decreta-cuarentena-total-en-siete-comunas-de-santiago/ Visitada el 02 de diciembre de 2020

[4] En: https://blogs.worldbank.org/es/education/las-perdidas-de-aprendizajes-debidas-la-covid-19-podrian-sumar-hasta-10-billones-de Visitada el 02 de diciembre de 2020

[5] En: https://www.24horas.cl/nacional/rebrote-en-chile-dejaria-9560-contagios-diarios-en-enero-segun-el-minsal-4553446 Visitada el 02 de diciembre de 2020

[6] En: https://www.elmostrador.cl/dia/2020/11/11/superintendencia-de-educacion-instruye-a-las-universidades-adoptar-medidas-para-el-retorno-a-las-clases-presenciales/ Visitada el 03 de diciembre del 2020

[7] En: https://www.emol.com/noticias/Nacional/2020/07/07/991265/Retorno-Universidades-de-EEUU.html Visitada el 02 diciembre del 2020

[8] En: https://ec.europa.eu/education/resources-and-tools/coronavirus-online-learning-resources_es Visitada el 02 de diciembre del 2020

[9] En: https://www.cned.cl/indices/matricula-sistema-de-educacion-superior Visitada el 15 de diciembre de 2020

 

Mg. Mario Pinto Inostroza

Académico, Área Control Industrial

Depto. de Tecnologías de Gestión – Facultad Tecnológica - USACH

mario.pinto.i@usach.cl

Mg. Rodrigo Gallardo Canales

Académico, jefe de Carrera Área Control Industrial

Depto. de Tecnologías de Gestión – Facultad Tecnológica - USACH

rodrigo.gallardo@usach.cl