La gestión en las universidades chilenas: tres variables a considerar

Por Dr. Julio González Candia, decano Facultad Tecnológica (julio.gonzalez@usach.cl) y Mag. Sebastián Aguirre Boza – director Depto. Tecnologías de Gestión (alvaro.aguirre@usach.cl)

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Existe un importante consenso respecto a que las tres principales actividades misionales de toda universidad, que se considere con un nivel de complejidad importante son: la docencia, la investigación y la vinculación con el medio. Cada una de tres dimensiones y sus principales desafíos, son para abordarlas en documentos de mayor extensión y profundidad, si es que deseamos reflexionar y problematizar sobre ellas y los desafíos en un mundo postpandemia.

En esta ocasión, no vamos a hablar de estas tres actividades misionales, sino que, de otra también importante, en ocasiones invisibilizada y que sin duda impacta en los diferentes resultados; nos referimos a la “gestión” y para ser aún más precisos, a la gestión en las universidades chilenas.

A nivel general, la “gestión” es definida como el “conjunto de acciones u operaciones relacionadas con la administración y dirección de una organización”. El concepto se aplica para hablar de iniciativas, proyectos o en general de cualquier tipo de actividad que requiera procesos de planificación, desarrollo, implementación y control[1]. Para el conocido autor Idalberto Chiavenato (2006), la gestión administrativa, es “la realización de acciones, con el objeto de obtener ciertos resultados, de la manera más eficaz y económica posible”[2]. De esta última definición y dado el actual contexto, emerge una condición para la gestión en este tipo de Instituciones de Educación Superior, y es que se trata de entidades que, efectivamente, deben hacer especiales esfuerzos para cautelar el buen uso de sus recursos, más aun en los tiempos actuales donde además de la crisis sanitaria provocada por el avance de la pandemia del Covid-19, estamos también inmersos en una crisis de dimensiones económicas y de alto impacto social, especialmente en las y los estudiantes y sus respectivas las familias. Esta compleja condición ha llevado a que las Universidades hayan tenido que realizar inversiones no planificadas para fortalecer su docencia virtual y apoyar a sus estudiantes especialmente a nivel de equipamiento y con becas de conectividad. Solo a nivel de las universidades que integran el Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCH), la inversión ascendía al mes de mayo a $16.556 millones de pesos[3].

Es oportuno destacar un trabajo de las autoras María José Lemaitre, Elisa Zenteno, Andrea Alvarado y del autor Mario Maturana (2012)[4] quienes, a propósito de la instalación del Sistema Nacional de Aseguramiento de Calidad en la Educación Superior y, principalmente, de los procesos de acreditación institucional, sostienen que se han producido impactos significativos en la gestión de las instituciones de nuestro país relevando el término de “buenas prácticas” en los diferentes ámbitos de la gestión institucional en las universidades[5]. Más actualmente, otra investigación de las autoras Zoraida Ramírez-Gutiérrez Mercedes Barrachina-Palanca y el autor Vicente Ripoll-Feliu (2020)[6] instalan el concepto de la eficiencia en la educación superior a través de un estudio empírico en universidades públicas de Colombia y España. La conclusión más importante es que al abordar mediciones de eficiencia en educación superior se debe ser muy riguroso en la elección de variables, metodologías, períodos de tiempo y unidades a evaluar. Adicionalmente, sostienen que se debe ser consistente con el objetivo planteado, y permitir la comparabilidad, en términos de gestión de recursos, planes de mejoramiento y estrategias de seguimiento[7].

Desde las buenas prácticas y hasta el foco en la medición de la eficiencia en las universidades públicas se han dado varios hechos e hitos que han ido configurando un nuevo escenario para la aplicación de la variable gestión. De esta forma, hay varios principios[8] relacionados con una “buena o efectiva gestión” aplicables a entidades de diversos rubros y tamaños. Dado su nivel de aplicación en el ámbito de las universidades chilenas y el contexto post pandemia en el que ineludiblemente nos vamos a encontrar en el corto y mediano plazo, quisiéramos destacar las siguientes variables:

1)  Redefinición de procesos y uso intensivo de tecnología: el poder optimizar tiempos de respuestas, evitar pasos o etapas innecesarias en la tramitación de documentos, reducir el nivel de errores y otras situaciones similares pasa inevitablemente por la redefinición de los procesos internos con sus correspondientes procedimientos y prácticas. Si a estas acciones le incorporamos tecnologías disponibles, el uso de plataformas desarrolladas internamente o adquiridas vía software especializados, genera una variable virtuosa para organizaciones especialmente burocráticas, con varios niveles de toma de decisiones y de control que terminan siempre ralentizando la gestión. La pandemia provocada por el Covid-19 nos hizo transformar instituciones del siglo pasado a organizaciones digitales en un tiempo record de tres a cuatro meses reinventándolas al digitalizar variados aspectos de sus operaciones. Este proceso, claro está, no ha estado libre de tensiones y obstáculos de todo tipo para la misma organización, sus trabajadoras y trabajadores y sus estudiantes. En este sentido, es necesario realizar un proceso de “digitalización consciente”, lo que significaría revisar qué procesos se van a digitalizar, cuánto de éstos y a qué nivel. En este sentido podría ser muy fácil sobrecargar las instituciones de plataformas, digitalizarlo absolutamente todo y exigirle a trabajadores su manejo, incluso para quienes no son necesarias. Esta situación puede fácilmente generar una burocracia digital que ralentice más aún lo existente.

2)  Especial consideración por las personas y la cultura organizacional: no es posible pensar en una universidad mejor gestionada sin considerar a las personas que la integran en sus diferentes roles así como a la cultura de la respectiva organización. Esta variable necesariamente debe considerar la capacitación permanente del personal realizando un proceso de alfabetización digital considerando que muchos de los procesos análogos ya no lo serán, generación y desarrollo de un sistema adecuado de compensaciones basado en mérito y evaluaciones objetivas y políticas y acciones de reconocimiento permanentes. En suma, que exista una real gestión del talento humano y una cultura que propicie la innovación, la flexibilidad y la cooperación como pilares centrales de su quehacer.

3)  Avanzar en la implementación del Teletrabajo: es cierto, en tan corto tiempo y tan rápido, para muchas universidades pasar de la presencialidad a formas de trabajo a distancia han sido procesos complejos y de carácter muy asimétricos en función del nivel ocupacional de las y los trabajadores, el nivel de tecnología con que cuenta la institución y culturas organizativas muy poco proclives a esta nueva modalidad laboral. Pero todo indica que ya hemos hecho la inversión más grande y que ahora con más calma y luego de haber evaluado detenidamente nuestras acciones en estos últimos meses podemos pasar a la parte positiva del “teletrabajo”. Mejor organización, horarios diferenciados, mejor conciliación con la vida familiar, uso más racional de dependencias e instalaciones, en fin. Chile ya cuenta con una ley y un reglamento que nos pueden orientar para una mejor implementación del Trabajo a distancia sin riesgo de precarización del mismo y poniendo la calidad de vida de las personas al centro de este propósito.

Como fuera planteado en otra columna de opinión[9], para avanzar de manera efectiva en estos tres desafíos, se requiere un esfuerzo mayor de los líderes formales e informales de la institución. Se necesita, precisamente, desplegar la capacidad de gestión, donde no solo la formación inicial es importante, sino que también la experiencia y la intuición de adelantarse a los cambios o a esos sucesos que removerán las bases y cimientos de la organización. Plantear finalmente que, en la medida que una universidad sea mejor gestionada, sus principales actividades misionales señaladas al principio podrán ser desarrolladas de mejor forma con el consiguiente impacto positivo para las y los integrantes de su comunidad y de la sociedad en su conjunto.

 

“El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de sus autores y no representa necesariamente la posición de la Facultad Tecnológica de la Universidad de Santiago de Chile”.

Notas:

[1] En https://www.significados.com/gestion/ visitada el 31 de julio de 2020.

[2] Más información sobre los libros de Idalberto Chiavenato en https://www.todostuslibros.com/autor/idalberto-chiavenato visitada el 31 de julio de 2020.

[3] En https://www.eldinamo.cl/educacion/2020/05/05/chile-coronavirus-el-salto-... visitada el 18 de agosto de 2020.

[4] En https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-456520... visitada el 01 de agosto de 2020.

[5] Buenas prácticas en los ámbitos de: la gestión universitaria, asociadas a la misión institucional, en la estructura de las organizaciones, descentralización de la gestión, formalización de políticas y mecanismos institucionales, planificación institucional y gestión financiera, gestión de la información y gestión académica institucional. En https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-456520... visitada el 02 de agosto de 2020.

[6] En https://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-7612202000... visitada el 02 de agosto de 2020.

[7] Las y el autor señalan finalmente que este estudio deja planteados caminos alternativos de investigación, para la medición de la eficiencia en educación superior, como una prioridad de gestión pública.

[8] La lista es demasiado extensa, vamos a mencionar aquí las de mayor frecuencia en varios sitios especializados en temáticas de gestión en la web: orientación a los objetivos de la organización, foco en los resultados, identidad simbólica-corporativa, capacidad para prever el futuro, especialización, jerarquía, unidad de mando, coordinación, flexibilidad, difusión y comunicación, utilización de plataformas tecnológicas y automatización de procesos, involucrar a las y los usuarios finales, ponerse en la situación del cliente o parte interesada, sencillez, orientación a las personas, entre otras.

[9] En https://www.larazon.cl/2020/05/03/por-julio-gonzalez-candia-nueva-normal... visitada el 02 de agosto de 2020.